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Cazo, reconstruyendo la vida en color

Dejó la televisión tras 18 años para empezar de nuevo, esta vez con colores y pinceles.

Cazo, reconstruyendo la vida en color
foto: Miguel Ángel

Conocí a Miguel Ángel el año pasado. Claro, como vivimos en este pequeño pueblo de montaña, Genalguacil, cuando dos artistas se convierten en nuestros vecinos, como Miguel y Kendra, todo el mundo se entera. Esto es aún más cierto cuando ese "todo el mundo" es Raluca, una gran aficionada a las personas maravillosas.

Así que desde entonces supe que realmente tenía que conocer mejor a mis nuevos vecinos. Miguel es el tipo de hombre que es cool y amable sin esfuerzo. Además, es un artista autodidacta, así que yo pensé: "¿En serio? ¿Esto es real?" Es una locura.

Su obra es como él: llena de color, llena de vida, donde cada detalle tiene su propio mensaje y su papel dentro del conjunto.

El fin de semana pasado me hizo mucha ilusión poder apoyar a Miguel asistiendo a su primera exposición en la Galería Isolina Arbulu en Marbella, con su serie de pinturas “El día que los animales se comportaron como los humanos”.

Tuve una conversación encantadora con él, y me dijo: "Me encanta contar historias". Y a mí también. Así que aquí estamos, contando la historia de un artista autodidacta maravilloso que de verdad merece nuestro aplauso y apoyo.

A menudo apoya y promueve a los artistas y su trabajo.

A mí me sigue pareciendo fantástico que seas un artista autodidacta; ¿cómo describirías la evolución de tu estilo y cómo pasaste de trabajar en la televisión a ser un artista con exposiciones?

Cuando trabajaba en TV y salía de la oficina, tenía que esperar a las 20:00 de la tarde para empezar a pintar o crear algo, por lo que estaba muy cansado y al final no avanzaba. Es por eso que decidí coger una semana de vacaciones para ver si todos los días me ponía a crear y efectivamente lo cumplí.

Así que un año más tarde me decidí a dejar mi trabajo, en el que llevaba 18 años, para mudarme a Donosti y allí empezar a estudiar cerámica.

Cuando no has estudiado bellas artes, inevitablemente tienes que practicar por tu cuenta y no tienes 5 años para probar muchas técnicas diferentes. Pero desde el comienzo cuento con un estilo muy marcado que destaca sobre todo por el uso del color, así que sigo mi instinto a la hora de crear cada pintura y aprender de cada cuadro.

¿Cómo y por qué has elegido como tu nombre de artista "Cazo"?

Cuando era adolescente en mi barrio, mis amigos me llamaban Cazo por el estilo de corte de pelo que tenía. Con el paso de los años, tan solo me llaman "Cazo" mis amigos y no quería perder mi “apodo”, así que decidí usarlo como nombre de artista.

¿Cómo nació la idea de “El día que los animales se comportaron como los humanos”?

En España solemos decir cuando alguien comete un acto violento que se comporta como un animal, y siempre me ha parecido injusto ese comentario porque en realidad los animales no son malos ni buenos. Sus actos no contienen ninguna emoción ni mucho menos una malvada intención. En esta serie he pintado 7 escenas usando como protagonistas a los animales, pero actuando como humanos, mostrando la peor cara de nosotros mismos.

¿Qué significa para ti exponer tus obras en una galería en la Costa del Sol, como Galería Isolina Arbulu?

Después de decidir dejar Madrid para venir a vivir a Genalguacil, entendí que el siguiente paso era empezar a llamar a las galerías de la costa. Isolina me recibió rápidamente y convocó una reunión para que le enseñara mi trabajo, ya que le gustó mucho y, como ella dijo, era un estilo de artista que no tenía en su cantera y quería apostar por mi obra. Está siendo bastante rápido el proceso de empezar a trabajar aquí en la costa.

Es la primera vez que trabajo con Isolina y me encanta su galería. Ella tiene una extensa trayectoria de varios años en el mercado de las galerías y estoy trabajando muy a gusto con ella; estoy encantado.

¿Hay alguna obra de la serie que sientas especialmente personal o reveladora?

Me resulta muy difícil elegir una obra de entre las 7 piezas de la exposición porque todos los cuadros que pinto los baso en mi experiencia vital, es decir, son autorreferenciales. En cada cuadro hay ciertos elementos que rescato de mi pasado y los aplico, convirtiéndolos en un objeto, un animal o un fondo. Quizás elegiría el cuadro del oso; con ese me lo pasé muy bien pintándolo.

Tus obras son muy, pero muy coloridas; supongo que no es solo tu estilo, tal vez hay algo más, una razón especial por la cual tú eliges. ¿Qué razón especial te lleva a añadir tanto color a tus obras?

Efectivamente, lo primero que llama la atención generalmente son los colores. Uso el color de manera intuitiva, aplicándole una emoción. Cuando descubrí el uso del color de los Fauvistas o los artistas de Jinete Azul, me volvió loco, me siento muy cómodo usando colores y formas que no corresponden con la realidad y que además producen una vibración entre sí, provocando una llamada de atención al espectador y atrapándolo dentro del cuadro.

Cuando el espectador me transmite que se pierde entre la pintura y los patrones del cuadro, entonces es cuando el objetivo está conseguido. ¡Adoro el color!

¿Cómo influye vivir en un pueblo como Genalguacil en tu obra? ¿Y cómo es un día típico en tu estudio allí?

Vivir en Genalguacil es mágico; al ser un pueblo muy pequeño y retirado en las montañas, debes estar bien organizado porque si te falta algo, no lo puedes conseguir rápidamente como en las ciudades.

Me he dado cuenta de que desde que vivo aquí pinto mucho más calmado, la pintura está más reposada y eso es porque el estudio lo tengo en la casa donde vivo, así que no pierdo tiempo en coger un bus o metro para ir al estudio, tardo literalmente segundos en llegar y eso se traduce en que la pintura está más pensada, cada vez está más cargada de matices y de nuevas pinceladas. Me está viniendo genial para crecer.

Normalmente, después de desayunar y repasar qué ha ocurrido en el mundo, me pongo el peto de pintar y empiezo la jornada. Tener el cuadro tan a mano está genial, por un lado porque si se te ocurre algo puedes entrar en el estudio y aplicarlo, pero por otro lado, cuando estás vacío de ideas, el tiempo tan lento puede agobiarte. Aun así, lo prefiero al ritmo de la ciudad.

Si tu obra pudiera dejar un mensaje en el mundo, ¿cuál sería?

Me encanta contar historias. No sé realmente si producen un cambio en la gente que está viendo mi obra. Quiero pensar que las escenas de los cuadros hacen vibrar a la gente; aunque sea por una centésima de segundo, acaparó su atención para después dejarles ir con un buen sabor de boca. Así que contar historias, podríamos decir, es mi objetivo.


La cuenta de Instagram de Miguel, aquí.

Si quieres admirar y comprar su obra, la exposición estará abierta en la Black Room de la Galería Isolina Arbulu hasta julio.